lunes 10 de marzo de 2008

Famosas anónimas

Ángela Figuera, Alfonsina Storni, Ernestina de Champourcín, María Zambrano, Dulce Chacón… nombres que vagamente resuenan en nuestra mente, pero de los que no sabemos prácticamente nada. Famosas anónimas o anónimas famosas ¿qué más da? Mujeres dedicadas al arte, a las letras, a la cultura, de las que nada más que tenemos un nombre vacío de contenidos al pronunciarlo.
Pero todavía podemos ira más allá. ¿Qué sabemos de Rosalía de Castro, Cecilia Böhl de Faber o Gloria Fuertes? De una, que era gallega; de otra, que escribió bajo pseudónimo masculino (tal vez no sepamos ni eso); y de otra, que componía versos “tontos” para niños.
No es cuestión de hacer un alegato sobre el feminismo ni de buscar la paridad en el arte, es, simplemente, dar a cada uno el lugar que se merece y valorar a tantas artistas desconocidas con una producción considerable.
En otros tiempos, hablamos del siglo XVII, alguna mujer como Sor Juana Inés de la Cruz consagró su vida a la Iglesia para poder dedicarse a su verdadera vocación: la escritura. En el siglo XX ya no fue necesario el vínculo con la Iglesia ni el ocultarse tras un nombre de varón y, sin embargo, las mujeres han seguido siendo invisibles.
Ya lo dijo Gloria Fuertes en uno de sus interesantísimos y desconocidos poemas:
Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
Una fuente se creen que soy los cisnes,
bajan y beben todos cuando hablo,
las ovejas me pisan cuando pasan,
y comen en mis dedos los gorriones;
se creen que soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.

Los hombres (entiéndase como genérico o como masculino, da igual) se creen que no soy nada, acudimos a lo conocido porque esa nada nos es desconocida; ensalzamos al que ya es famoso, porque no podemos ensalzar a la que es nada; memorizamos versos o frases de aquellos que todos conocemos, porque de las que son nada, nada sabemos, y, sin embargo, no miramos más allá de nuestras narices para encontrar nuevas (o antiguas) e interesantes “nadas” o “nadies” que convertirlas en “Alguien”. Sugerentes propuestas artísticas de mujeres aún más sugerentes: Ángela Figuera, poetisa de posguerra, escritora de poesía social y coetánea de Blas de Otero y Gabriel Celaya; Alfonsina Storni, que trabajó como cajera, escribió con el pseudónimo Tao Lao y cuyos versos fueron protesta y reivindicación de libertad; Ernestina de Champourcín, casada con el poeta Juan José Domenchina y poeta intimista; María Zambrano, filósofa malagueña alumna de Ortega y Gasset; o Dulce Chacón, que murió en 2003, se opuso a la guerra de Irak e intentó desempolvar los expedientes de las ejecuciones durante el franquismo.
Y otras tantas muchas que, conocidas o desconocidas, nos siguen siendo anónimas. Recuperemos sus voces y démosles su lugar.

Berta Ocaña